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Educación emocional

Si entendemos que el bebé en sus primeros meses de vida, aproximadamente hasta los 5 meses, no será capaz de distinguirse como ente individual diferenciado del medio externo, comprenderemos la importancia que tiene el hecho que la madre o sustituto siempre esté cerca de él.

El niño siente como si todas las sensaciones desagradables que percibe fueran a ser permanentes, y necesita a la madre que le ayude a superar la sensación de angustia a través de la seguridad y sensaciones placentera que ella le trasmite con su cuidado, amor y caricias.

Carece de sentido entonces pensar que podemos caer en el exceso de mimo y cuidado. A esta edad tan temprana creer que mimamos a nuestro hijo cuando estamos muy pendientes de sus estados emocionales, es un error. Si atendemos sus necesidades, contribuimos y alimentamos la certeza de que su madre existe para él. Si en cambio, se le deja que llore o se le retrasa el alimento, estamos fomentando la inseguridad y la sensación de abandono, y con ello el peligro de su supervivencia.

Recordemos que a esta edad está totalmente indefenso y necesita el punto de referencia materna para ir formando su patrón emocional, que debe estar basado en la seguridad de sentirse protegido, cuidado, estimado y amado. Esto es vital para comenzar a construir las bases de la Educación Emocional.

EL LLANTO

En estos primeros meses de vida lo que más angustia y preocupa a la madre de la conducta de su hijo, es el llanto. Cada vez que lo oye llorar se dispara su angustia en el intento de descubrir que le sucede a su bebé, cuando no atina a encontrar cuál es la causa que provoca dicho llanto. Cuando la madre le observa, viendo el temblor de la barbilla y las lágrimas corriendo por sus mejillas, se conmueve y se le despierta un profundo sentimiento de lástima.

El hecho de oír llorar a un bebé provoca en la madre una respuesta determinada que el niño poco a poco irá asociando. Pronto podrá establecer relaciones entre un tipo determinado de llanto y una forma particular de conducta en su madre. Por tanto, debemos entender, que el llanto no es nada más que la única forma de comunicación que de momento tiene el niño para manifestarnos cómo se siente.

Todos los bebes lloran mucho y realmente tienen motivos para hacerlo. Las causas pueden ser desde la necesidad de alimento, pasando por la limpieza física, hasta el sentimiento de soledad, sin excluir los ruidos fuertes y, naturalmente, el exceso de frío o calor. Por tanto, si recordamos que el llanto es la única forma que tiene de comunicarnos su angustia o incomodidad, la madre no debe angustiarse en exceso cuando lo oye llorar.

Lo importante es que descubra cuál es la causa del llanto y calme a su hijo. Probablemente la vulnerabilidad de su
hijo esté recordándole su propia vulnerabilidad y su continuo aprendizaje en este nuevo rol que se le presenta. Teniendo claro esto, será más sencillo poder discriminar las circunstancias ante las cuales el bebé se manifiesta.

Lo que si debería preocuparnos es si el bebé no llora apenas, quizás esto podría significar que tiene algún motivo para reprimir sus manifestaciones emocionales. No obstante, hemos de tener presente que todos los bebés lloran, más o menos, en tales o cuales situaciones, pero es natural y esperable que lo hagan.

La conclusión es que cuando el bebé llora algo le pasa, está demandando atención para solucionar su problema, y aunque sabemos que no es capaz de pensar: si lloro, mi madre vendrá, aprende con el tiempo que esto ocurre y, como consecuencia, hace del llanto el medio para comunicar sus necesidades.

PROCESO DE RECONOCIMIENTO

Ya hicimos mención que el bebé durante sus primeros meses de vida es incapaz de diferenciarse como individuo separado del mundo externo, él y mundo externo son la misma cosa, el medio externo no existe para él, y hasta los 5 meses, aproximadamente, no realizará claramente esta diferenciación.

Se cree que a partir de los 3 meses el niño comienza a distinguir de manera esbozada que su cuerpo y el de su madre no son la misma cosa, pero todavía es madurativamente incapaz de distinguirlo claramente. Lo mismo sucede con las sensaciones internas, cuando está irritado es muy probable que sienta que todo su entorno lo está, y a esta edad ya comienza a discernir con mayor precisión, y sólo por momentos, lo que forma parte de sí mismo y lo que es externo.

En circunstancias normales y durante este período de crecimiento, cuando el bebé tiene hambre, llora por el dolor que experimenta. Todo él se siente hambriento, al punto que podríamos decir que todo él es hambre. La necesidad le urge y la demanda se manifiesta bajo la manera de llanto a causa del displacer.

El alimento no va a ser conseguido de forma inmediata, ya que desde el momento que llora hasta que satisface el hambre pasarán unos minutos como mínimo, el tiempo necesario que necesita la madre para preparar el biberón o darle el pecho. Este tiempo transcurrido será precisamente el punto de partida desde el cual el bebé comenzará a distinguir que el alimento viene de afuera. Y esta experiencia repetitiva le dará la pauta para comenzar a entender que él y la madre son 2 cosas distintas.

Es así como desde la postergación surge paulatinamente la diferenciación yo, no yo, yo, como individuo, no yo, como personas que están fuera en la cual se sentarán las bases para la toma de consciencia de que el biberón o el pecho no forman parte de él.

En este proceso de pequeñas frustraciones temporales irá realizando el aprendizaje tan necesario para iniciar las relaciones con el medio externo.

El niño aprende poco a poco que para aplacar el hambre necesita de algo que no forma parte de él y que se encuentra
precisamente en ese mundo externo que va descubriendo.

Así comienza a distinguir que su cuerpo tiene límites y lo investiga mirándose sus manos, succionando sus dedos, tocándose los pies…. Esto ya lo hacía antes, pero ahora esta conducta ya está fomentada por una intención de ir reconociéndose como individualidad diferente de su madre.

Podemos observar como se inicia el desarrollo de la curiosidad.

Por el momento, la curiosidad no será tratada como emoción ya que forma parte del desarrollo del niño, la curiosidad no es mal educada por los padres en este período de la vida. Más adelante, cuando el niño tiene mayor edad, la intervención paterna en el desarrollo de la curiosidad infantil tomará mayor peso, ya que casi siempre es inadecuada e incide en la personalidad joven de un modo muy importante.

PRESENCIA DEL PADRE

El papel del padre en las primeras semanas de vida del bebé no tiene una importancia relevante en relación directa con el niño. Sus funciones iniciales estriban en la ayuda y colaboración que puede proporcionar a su mujer en él.

 

 

 

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